Memoria 75

Memoria 75

 

 

25.06.2020 “El estilo es el hombre”, dijo el conde de Buffon. No sólo se refería al modo de escribir, de hablar y de ser, también aplicaba a la manera de vestir y de comportarse en sociedad muy propio de su siglo caer en la afectación y en la ‘vulgaridad’; pero, más aún al modo de pensar y de expresar las ideas. Desde el punto de vista de Georges Louis Leclerc, nuestro conde, el modo de expresar las ideas debía ser no solamente elaborado de acuerdo con el modelo que se instauró con el redescubrimiento de Aristóteles y de los pensadores latinos, esto es, la lógica y el arte de la retórica, sino también con un modo particular de comprender el mundo y así elaborar ideas originales. Al ser matemático, botánico, naturalista, cosmólogo y ensayista, el conde tenía claro que los conocimientos (informaciones, diríamos hoy, pues hay un vacío de contenido) pueden ser adquiridos por cualquier mente juiciosa, pero que el estilo, que es inherente al carácter del hombre, no puede quitarse, comprarse ni copiarse. El estilo refleja la mentalidad. El estilo sólo puede desarrollarse, siguiendo a Buffon, si se comprenden las múltiples materias que abarca el conocimiento humano. Sólo esta comprensión puede tener lugar si relacionan los diversos conocimientos (matemática, botánica, cosmología, artes, etcétera), y desarrollamos un pensamiento original (generar un contenido, ir más allá de la mera instrucción profesional), de donde nacerá el estilo. Bien es cierto que el siglo de Buffon es el de las Luces, el siglo de los filósofos y de los enciclopedistas, así como de la primera Revolución industrial, y que esta concepción humanista que pretendía sintetizar el universo epistemológico en una cáscara de nuez e instrumentalizarlo (la Enciclopedia), es pre determinista. Pero lo que realmente importa del pensamiento del conde, es que al decir “El estilo es el hombre”, también llama la atención sobre hacer las cosas bien, razonar bien, con alma y buen gusto; es decir, pulimentando una prosa propia. Para nuestra época y en nuestra latitud, parece un llamado de poca monta. En aquellos países en donde sus habitantes nacieron, crecieron y se educaron recibiendo una herencia cultural imperialista (Rusia, todos los países del antiguo Imperio Románico Germánico de Occidente, más Francia, España, Portugal, Inglaterra, Estados Unidos), siempre ha existido, per se, el saber hacer las cosas bien, razonar bien, con alma y buen gusto; es decir, con un estilo. Llamo la atención sobre la cuestión imperialista que parece sacarnos de nuestro razonamiento de modo brusco, a otro ámbito, porque en los países sometidos por el imperio (el que sea), antes que buscar un estilo, hemos tratado de buscarnos a nosotros mismos y así encontrar nuestro estilo y un destino. También hemos tratado, miserablemente exactamente, desde Azul de Rubén Darío, 1888, de hacer que aquellos que tienen un estilo nos reconozcan, que nos hagan un campito en su universo cultural plagado de buenos estilos. Las consecuencias de estas prácticas son bastante curiosas. En 132 años, en América Latina, hemos intentado tener un estilo. Pero no porque un puñado de escritores lo tengan (no hay por qué enumerarlos, todo el mundo los conoce), quiere decir que haya un estilo literario. Lo que existe, es una inmensa cohorte de obscenos imitadores de estilo. También cabe decir que en América Latina se han contado muy buenas historias, pero en general somos malos prosistas (excepciones, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, ¿quiénes más?, no doy). ¿Por qué? Pues porque carecemos de una tradición literaria sólida, de una cultura sólida. De un pensamiento sistemático sobre nosotros mismos. Un pensamiento independiente del europeo, que apunte a la identidad. De ahí que debamos regresar al conde de Buffon. Nuestros escritores no tienen una formación humanista, punto. Pocos, muy pocos, un puñadito, la tuvieron. Si digo humanista, hablo del escritor que busca, permanentemente, establecer lazos entre la ciencia y las artes. La ciencia dura y las artes duras, lo que parece raro. Las artes y las humanidades en Colombia son ‘ciencias’ blandas, es decir, sin un método ni una verdadera teoría.

Desgraciadamente, la mentalidad desarrollada por nuestra condición de ‘oprimidos por el imperio (el que sea, repito)’, ha impedido el desarrollo de un estilo propio, un modo de razonar propio. Ya es tarde para eso, nunca va a suceder. Parece ser que desde la época clásica griega y sus estilos de pensamiento analítico semilla de todo el pensamiento de Occidente de hoy, se selló nuestro ‘destino’. Por mi parte, mis pensamientos siempre se dirigen a Platón…

 

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Estoy mocoso, maldita sea, no quiero que me dé gripa. Hace 12 días salí de la universidad y no he podido retomar Todo se destruye. Eso me deprime y genera ansiedad. ¿Cuándo, cuándo?

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