Memoria 143
26.05.2026 Migrar 2. Anoche he hablado con Juan y me dejó una profunda impresión. Desde hacía más 5 años no lo oía hablar de la soledad que ahora vive y de la falta de amigos con quien charlar de cualquier cosa. La razón es que hace 6 años largos cuando llegó se inscribió en una universidad para perfeccionar el idioma, se alojó en casas compartidas con otros estudiantes y allí conoció gente. Se hizo amigo de algunos, pero a hoy casi todos han regresado a sus países o migrado a otras ciudades. Me habló del estilo de amistad de los neozelandeses, de lo distantes que son y que, en el fondo, hay cierto racismo hacia los extranjeros, cosa que él pocas veces siente, pues es ojiazul, de pelo castaño y piel blanca.
Me impresionó que me transmitiera ese sentimiento de soledad que se extendía incluso a la compañía en la que trabaja. Cada quien en lo suyo, y el jefe, a pesar de ser muy buena persona, simplemente es el jefe. Sentí en su voz su deseo de venir a Colombia a final de año con su esposa, Nicole, y aclaró que no se regresaría a vivir, aquí simplemente no hay trabajo para él, aquí la ingeniería acústica ambiental simplemente no está tan desarrollada como allá.
Supongo que migrar también tiene que ver con la amistad. Y aquí vuelvo al tema sobre el que he escrito en varias ocasiones. Quizá no sea indispensable intentar establecer relaciones lo bastante profundas y sinceras como para que podamos llamarlas ‘amistad’, aquella que es única y horizontal, la que no juzga al otro, la que no espera nada del otro, en absoluto, y por quien se siente confianza plena. Quizá sólo basta tener conocidos con quien compartir un rato, personas buenas y más o menos afines con los gustos, las preferencias, las afinidades y la educación de uno. A muchísimas personas les funciona; de hecho, es lo más común del mundo. Pero, si uno ha migrado, ¿en dónde encontrar a esas personas? Es difícil la confianza cuando los ambientes son nuevos y con claves culturales complejas. El otro punto, es que, a medida que pasan los años, uno se vuelve más exigente y tampoco desea tener de ‘amigo’ o ‘amiga’ a una persona apenas conocida que, si bien parece ser buena persona, tiene cosas que no nos gustan, y por tanto ya no hay suficiente apertura de nuestra parte, y más si ya hemos encontrado pareja y no estamos buscando ninguna complementariedad, pues ya la tenemos.
Mi mujer y yo llevamos en Medellín 17 meses. Ella tiene al menos 3-4 amigas y se ve con ellas con alguna frecuencia; por mi parte, no tengo ningún amigo. Más bien, desde finales del año pasado, he desarrollado una amistad con un exalumno de la maestría de cuando fui su profesor en la universidad en la que trabajaba. Han sido acercamientos de tipo epistolar y profesional con los que aspiro a que se consolide una verdadera amistad. Todo se basa, como debe ser, en la sinceridad y en el respeto mutuo, siempre implícitos.
En todo caso, sé que, como siempre, Juan, que tiene muchas ventajas humanas, sociales y profesionales, pase a otro nivel y se afiance, y acabe de arraigar, pues él sabe que su destino está allá.