Memoria 142
25.05.2026 Sueños simultáneos. La pintura. Esta mañana me desperté hacia la 6, fui al baño y cuando volví a la cama me dormí casi de inmediato. Soñé 4 o 5 escenarios narrativos que se desarrollaban en simultánea: los dos hijos y el nieto de mi mujer en una casa con juguetes en estantería de piso a pared; Isaías Peña y otras personas con una maqueta tamaño tabloide impresa en papel satinado, bastante gruesa, unos 10 cm Sobre una gran mesa, y yo criticaba la diagramación y la saturación de imágenes mientras ellos defendían su trabajo; llegaba un joven alto, muy delgado, de pelo negro y ensortijado, ojos un poco hundidos, con ropas caqui holgadas, y requería mi presencia porque había decidido dejar la literatura para siempre, y yo lo enviaba a mi oficina que tenía paredes de cristal; mi escritorio tenía un cajón en el que tenía más de un millón en efectivo y debajo había más dinero que acababa de guardar en un sobrecito de manila, que era la remuneración anticipada por la elaboración de un declaración de renta, yo no tenía la más mínima idea de hacerla y pensé en que debía usar la IA sin que se dieran cuenta; y algo más, que no recuerdo, en todo caso era algo relacionado con mi mujer.
A la hora del desayuno –mi mujer se había levantado a las 7 a hacer sus ejercicios, y cuando llegué a la cocina ella tenía todo listo–, le conté el raro sueño en simultánea, sólo dijo: los sueños sueños son. Cierto, claro. Pero no he dejado de pensar en el por qué y en la rareza de soñar con varios argumentos al mismo tiempo. Nunca me había pasado y me parece raro.
¿Eso les sucede a las personas que enloquecen? Eso, de tener varias narrativas en mente en paralelo durante la vigilia y vivirlas, o mejor, actuar vívidamente en ellas en una especie de continuo temporal/espacial, en ese orden, es algo que sólo puede tener en el mundo de los sueños, pues ni el cine ni la literatura lo pueden hacer. En esas dos artes las narrativas están sujetas a un orden espacio temporal en el que hay secuencias montadas en forma de progresión, no hay otra manera. En el cine, sería como intentar proyectar en una pantalla 5 o más películas al mismo tiempo, lo que nadie podría seguir de manera coherente y completa. En literatura, sería montar 5 o más ejes narrativos, pero por razones obvias, no pueden se pueden leer al mismo tiempo. Cortázar lo hizo en Rayuela, pero, si mal no recuerdo, con sólo 2 ejes narrativos simultáneos y diferentes, y eso es ya exigirle mucho al lector. Sin embargo, tampoco, rigurosamente, se pueden leer en simultánea, pues necesariamente la primera línea con una historia distinta de la segunda línea, exige saltar a la tercera, a la quinta…, etcétera, formando lentamente las dos historias en la mente del lector(a), pero es algo que se va logrando, con mucho talento, poco a poco, no es que ocurran en simultánea, pues no son imágenes que tengan lugar ‘ya’, sino que se elaboran poco a poco.
Me parece que la solución siempre la ha tenido la pintura. Y digo desde siempre, pues desde las pinturas prehistóricas, pasando por las egipcias y las griegas antiguas que narran varias (más de 6, en todo caso) acciones al mismo tiempo en un mismo espacio, y llegando, p. e. a Picaso y su Guernica y casi toda la obra de Chagall.
Parece ser que la pintura, al estar en capacidad de trasladar a una superficie imágenes con narrativas diferentes, diferenciadas y, sin embargo, continuas y elanzadas por una lógica interna, como el Guernica (al parecer, obra se lleva las palmas en cuanto al número de imágenes con distintas narrativas), está en mayor capacidad de adentrarse en el mundo complejo de la psique humana que otras artes, pues trabaja en un mundo meramente espacial en el que tanto tiempo como lugar ocurren y concurrente a la vez, sin ninguna mediación.
¿Será porque las artes como el cine y la literatura están demasiado ancladas a una gramática dada y al lenguaje? Si bien es cierto que la pintura tiene su propia gramática (técnicas), también lo es que el pintor es el artista que está más capacitado para trasladar de su mente a una superficie lo que sueña, como Goya, por ejemplo.
El escritor siempre se quedará corto, a menos que sea un genio como Kafka o Beckett. Un cineasta, como un novelista, siempre estará sujeto a la tiranía de la secuencia de inicio-desarrollo-final, y por mucho que inicie in media res, tendrá que ganarse al espectador o lector desde la primera imagen o palabra empleada. La ventaja del pintor es que una vez acabada su obra, simplemente la exhibirá, y quien mira, si bien puede centrarse en algo en especial, siempre tendrá la posibilidad de observar, a la vez, todo el conjunto. Y lo mejor: tal observador podrá, si lo desea, interpretar el todo o la parte, y sacar sus propias conclusiones, o simplemente conmoverse de manera especial.