Memoria 105
07.08.2025 La necesidad de dar y recibir. Sorprende darse cuenta de lo mucho que uno se equivoca en relación con la idea que tenemos de las personas cercanas, del modo como son y cómo viven. Lo más probable es que esto suceda porque uno, creyendo que las conoce, las juzga con los mismos parámetros con que uno mismo actuaría. Juzgo entonces el actuar de esa persona de acuerdo a como yo lo haría, y pretendo que haga lo que yo porque (prejuiciosa y erróneamente) juzgo es lo que debe ser. Sin embargo, uno no debería sorprenderse, pues sucede más o menos lo mismo en sentido inverso.
Esta dinámica cerrada está centrada en la necesidad de dar y recibir.
Eso, por un lado. Por otro, lo que a mí me produce inmensa sorpresa, por ejemplo, ¿por qué no se la produce a otra persona? La eliminación sicológica de los llamados defectos o procederes de una persona cercana, por ejemplo, un familiar o la pareja (que se traducen en eliminación física, como beso apasionado cuando uno de los dos tiene mal aliento), ¿provienen exclusivamente de los afectos? ¿Los afectos, el amor y/o la pasión por una persona, pueden ser los bastante poderosos para ‘adormecer’ los sentidos, tanto como para acceder ‘por todos los medios’ a esa persona? Ni más ni menos es la intensidad de un sentimiento, de una emoción o de una pasión lo que adormece unos sentidos y potencia otros. El potenciador de tal adormecimiento proviene del universo libidinal y del principio de conservación o de supervivencia. La transmisión de genes y el horror a la soledad; el desfogue de la energía sexual reprimida y la búsqueda incesante de al menos una compañía única y exclusiva; la necesidad de su propósito (todos necesitamos un propósito) no son más que necesidad de dar y recibir.
¿Es alguna forma de amor o es simple obediencia a sentimientos, emociones y necesidades libidinales que no conocemos o simplemente preferimos ignorar?
Es un coctel de lo anterior.
Todo esto viene a mi mente cuando pienso que hoy no cortejaría, por ningún motivo, si lo deseara, a ninguna mujer que no cumpliera con un estándar que desde hace años he establecido. Cuando caminaba con mi hermana por una calle comercial de Williamsburg, vi a una joven muy parecida, incluso con ropa similar, a una de aquellas mujeres de las que estuve enamorado hace unos 40 años, y tuve un ligero sobresalto, pero enseguida despareció la inquietud.