Memoria 120
05.02.2026 Continuidad de las formas dispersas II. Escribir. Esta novela nace de un libro de cuentos que comencé a escribir en 2011. Claramente, estaba retomando al protagonista de Olfato de perro, reescrita en 2025 y vuelta a titular Cierta ira y cierta calma. De los 9 cuentos escritos, quedan 6 publicados en esta página en la Serie Ignacio Madero desaparece. Lo que me propuse en 2017 con Continuidad de las formas dispersas fue desarrollar tres de los personajes que más me gustaban para hacer una ‘gran novela’ que mostrara el sentir y el pensar de dos jóvenes de principios del siglo xxi cuyos ideales se habían transformado conforme vivían sucesos de impacto social y maduraban (muy al estilo La educación sentimental de Flaubert, y teniendo cuidado de no tomar demasiados elementos del Bildungsroman).
Pero, ¿cómo se escribe una ‘gran novela’? Lo primero, pensándola como una gran novela; es decir, pensándola en grande, con grandes ideas y de ciertas ‘grandes’ proporciones. ¿Cuáles? En todo caso no sería una novela inferior a 300 p.
Para un escritor de ficción, ¿qué es pensar en grande?, ¿pensar en una novela extensa? ¿Cómo es una novela extensa? O mejor, trayendo a cuento a uno de los gigantes, pongamos a Tolstoi, ¿cómo pensar una literatura que hable del pasado, del presente y del futuro y haga sentir al lector que la historia de una nación tiene o podría tener un destino horrible o maravilloso? Hasta ahora he leído muchos libros colombianos que hablan más del fracaso de la gente o de la sociedad o de la nación, no de a dónde debería dirigirse. Que en los libros de ficción en Colombia de los últimos 100 años (con las conocidas excepciones) predominen las temáticas sombrías, desconsoladoras, rabiosas, violentas, es muy diciente. Junto con la modernidad (y Hollywood) hemos desarrollado el gusto por las temáticas oscuras que muestran una sociedad y un país sin buen futuro. Parece ser que el futuro de Colombia, siempre en manos de gobernantes mediocres (la corrupción nace de la mediocridad moral e intelectual), será el que ha sido: mediano, violento, y en todo caso no maravilloso. ¿O es que algún gobernante se ha decidido, digamos, en los últimos 125 años por una verdadera revolución educativa estilo Finlandia, Singapur o China? No. ¿Qué se puede esperar si eso no va a pasar, si estamos horriblemente rezagados social, educativa, económica, industrial y tecnológicamente? De haberlo querido, pues es evidente, alguno de esos genios gobernantes habría decidido que el único camino para que este país salga de su miseria de la violencia, la ignorancia y el atraso tecnológico y cultural, es la educación. Pero ningún gobernante lo ha querido, ni lo querrá. Es mejor gobernar ignorantes que venden el voto por un tamal o unas tejas para su casita que a personas con educación que no tragan entero su mediocridad, su corrupción y sus mentiras. Gobernantes de segunda para un país de segunda. Es triste vivir en un país de segunda, sin un buen futuro.
¡Ah!, me dirán, si estás tan descontento ¿por qué no te vas de una vez a otro país y dejas de quejarte? Sencillo: porque tampoco sería feliz; además pocos lugares en este planeta son excelentes para vivir, y de los que he sabido o conozco son inalcanzables para mí. Por ejemplo, Nueva Zelanda. Juan ha mencionado que me puede ‘pedir’ y conseguir relativamente fácil una visa de residencia (a finales del año pasado salió una nueva ley). Ese país es espectacular, pero yo no sería feliz allí. Para empezar, mi mujer no se iría conmigo y yo no me iría sin ella. Además, una de mis reglas de oro es no invadir los espacios conquistados por mi hijo.
Ya he hablado sobre migrar del tema en otra Memoria.
Bueno, ¿y mi proyecto literario despampanante?
A propósito, tengo que vigilar más mi escritura y no cometer el error quejarme. La buena escritura se destruye cuando el escritor se lamenta por esto, lo otro, lo de más allá y de más acá.
Aunque puedo disertar y disertar sobre cómo y qué escribir, no me siento con las fuerzas ni mucho menos con el talento para ponerlo en práctica en Continuidad de las formas dispersas.
¿Hacia a dónde debería ir mi nación y por qué tal cosa debería estar ligada a mi escritura? Parece obvio, ¿no?
¿Qué debería contener mi literatura para que sea grande? Pues autenticidad, identidad. ¿Cómo lograrlo después de conocer a fondo, es lo creo, la cultura nacional? Realmente, ¿la conozco, domino su lenguaje?
¿Qué problemas modernos y del pasado debo plantear y así proponer algo nuevo que vibre hacia el futuro? ¿Cómo identifico tales problemas?
Si tenemos un futuro, ¿cuál es, aparte de ya tener claro que no será brillante?
En todo caso, el presente en el que vivimos no es nada fácil de leer. Si bien la sociedad se encamina con paso firme y veloz hacia la automatización a través de la IA, también es verdad que no todas las naciones pueden hacerlo a la par de aquellas del primer mundo, y los países o naciones (mi nación) no son ninguna potencia frente a quienes tienen semejante poder de conducir a sus sociedades hacia tal automatización. Aquí sólo vamos a la zaga de los verdaderos líderes, los mal imitamos, seguimos sus órdenes y cuando toca, el presidente se arrodilla. ¿O en qué Colombia es autónoma y en qué lidera? En nada. Somos jugadores de segunda salidos de un país de segunda.
¿Y si los rusos, mejor dicho, Putin, decide lanzar una bomba atómica, pues ya se ha deshecho de su arsenal viejo (como los gringos con el suyo en Irán) y se está modernizando para una guerra si no regional sí de mayor escala? ¿No estará pensando Putin en lanzar una bomba atómica en Ucrania para doblegarlos si más? ¿Y si Xi Jinping hace lo propio con Taiwán y con ello reta a los gringos? ¿Dónde y cómo quedamos nosotros? Por su parte, Europa, leí estos días, es decir, la Otan volverá a su programa nuclear. Y quien con fuego juega, se quema.
Y bueno, si no hay ninguna guerra nuclear (a veces es pura alaraca de líderes a los que les gusta mostrar los dientes para hacerse ver) y cada presidente de turno en Colombia, como acaba de suceder con ese tonto, tiene que seguir arrodillado frente a un orden superior impuesto (es lo deseable, esos seudo gobiernos de seudo izquierda, son eso, seudo en todo), ¿hacia dónde debemos ir como sociedad, como cultura (¿cuál?, ¿la folclórica?, ¿la de coctel aculturada?)? ¿Hacia dónde ir como personas, como seres humanos? ¿Qué futuro inmediato nos espera? Da miedo.
Me parece, en todo caso, muy desalentador escribir un libro de 400 p. que será uno más en el mare mágnum publicitario. Porque es eso. Cada obra es una ficha que se puede vender bien o no según el marketing que estandariza y homogeniza.
No sé si vale la pena el esfuerzo. Es desalentador.
Hace como un año le dije a mi mujer que estaba pensando en abandonar la escritura, y hace poco me lo trajo a cuento, no recuerdo a propósito de qué. La verdad es que, como he descubierto, en mi caso la escritura es una manera de pensar. Yo pienso mejor escribiendo que hablando, hablar me aburre, me cansa, escribir no.
Lo único que puedo hacer es sentarme a trabajar.