Memoria 82

Memoria 82

 

10.10.2024. En el C. I.  Hoy me he venido con mi mujer al C.I. Cuando veníamos, le dije que era la primera vez, y con seguridad la última en 24 años, que venía con ella a su lugar de trabajo. Los estudiantes y profesores están en semana de receso y los ruidos que se oyen son los de los trabajadores que limpian y hacen reparaciones en varias áreas del colegio, así como el de las aseadoras que hacen su trabajo. El día está gris y cielo cubierto de nubes. Una suave garúa moja apenas el ambiente. Me gustó la idea de ella anoche de que la acompañara hoy, día que hay corte de agua en el apartamento, y luego fuéramos a almorzar a Semolina. El Centro de Investigación, en sí mismo, es moderno, tranquilo, cómodo y luminoso y tiene una excelente dotación bibliográfica, por encima del promedio (trabajo de mi mujer que desde hace 24 años lo ha estructurado desde los cimientos y lo ha dirigido) de más 25.000 títulos. Me pareció buena idea venir con ella no solamente para acompañarla, cambiar mi rutina, huirle al corte de agua por 24 horas y almorzar juntos, sino porque podría encontrar información para mi trabajo sobre Arcadio Dulcey, que me ha sido particularmente difícil, pues no se encuentra referenciado en ningún catálogo, y mi mujer es de esas bibliotecarias minuciosas, dedicadas y con excelente ojo para conseguir información en los libros más inesperados. Y sí, encontré una referencia a Dulcey, así como otras conexas que no había contemplado en fuentes buscadas por ella.

¿Cuánto tiempo hacía que no visitaba una biblioteca física? Hace tanto que no lo recuerdo. Parece ser que fue en febrero-marzo de 2023, según la información que conseguí para el Proyecto Aguacatal que tenía con Oscar Arcos, pero no estoy seguro de ello. Mejor dicho, esas fechas no corresponden con mis recuerdos y debo cotejar con los archivos que están en el pc. Supongo que al pasar los archivos del pc a este Mac todo se modificó. Si mal no recuerdo, la última ida a biblioteca fue a la Luis Ángel Arango, cuando investigaba para mi novela El crimen de Tabacal, durante el segundo semestre de 2022. En ese momento estaba muy entusiasmado con el proyecto y creo que logré entusiasmar a Oscar para escribir un ensayo a dos manos sobre ese libro (idea mía, no de él), y sobre las cause celebres en Colombia, que nacieron, justo en el siglo xix. Con Oscar hablamos incluso de ir a Medellín y visitar las inmediaciones del sector hoy llamado Aguacatala, en donde hay una estación del metro. Lo del proyecto, insisto, pareció entusiasmar a Oscar. Incluso, en varias ocasiones fue a mi apartamento para hablar de ello o lo llevé a la finca de la madre de mujer para almorzar allí y hablar del tema. Insisto en la palabra ‘entusiasmar’, pero no fue así, a pesar de que él parecía mostrar buena voluntad e intercambiamos unos esquemas de trabajo según los cuales cada uno se iba a encargar de diversos aspectos. ¿Qué sucedió? Lo que generalmente ocurre con este tipo de proyectos a 4 manos. La verdad es que los proyectos literarios serios, así sean ensayísticos, pues no lo aparentan, son individuales, personales, le pertenecen al escritor en quien ha nacido el proyecto y a nadie más. Esta es una razón más para afirmar que toda escritura es autobiográfica, toda escritura, aclaro, que aspire a ser Literatura.

A propósito de lo anterior, ayer me sentí como ha sucedido desde, digamos, un año para acá. Tal vez fue en New Zeland cuando empecé a entender que lo que yo escribo no tiene mucho sentido. En ocasiones, cuando pienso esto, no me importa y creo que debo dedicarme a otra cosa, como a vender café de especialidad y vivir otro tipo de vida, escribiendo ya no como ahora, con horario y rigurosidad. En otras ocasiones, como ayer, sin que me lo haya propuesto, simplemente algo hace que sienta que escribir es muy estúpido. Sucedió cuando encontré un libro pésimamente hecho sobre autores boyacenses. Es un catálogo de autores sin ninguna o de muy poca importancia -aunque con un par de excepciones-. ¿Qué sentido tiene escribir ensayos y novelas cuando nada de esto es valorado? Las métricas de mi página Web muestran que ya tengo más de 600 lectores y más de 2.200 visitas. Lo que no es nada despreciable, en el fondo, pero ¿estas cifras ridículas justifican el esfuerzo tremendo desde el punto de vista económico, de mi tiempo y energías que implica para el equipo de trabajo? He pensado así mismo cerrar esta página, o mantenerla ya con un mínimo esfuerzo. Pero sé que no va a ser así. Creo que no sería yo el mismo si no me sentara todos los días (laborales) a escribir, a pensar, pues en mi caso escribir es pensar. Ya hoy, por ejemplo, aquí en el C.I. pienso que debo seguir adelante y sacar adelante mis proyectos. La página lleva al aire 14 meses, y en todo caso es corto el tiempo.

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En La novela latinoamericana, 1920 – 1980, Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura (Procultura), 1982, en la sección “Diez problemas para el novelista latinoamericano”, Ángel Rama enumera:

  1. Bases económicas: “Latinoamérica es, dentro de la civilización occidental, la zona donde esta imposibilidad de especialización absoluta se cumple en la forma más amplia y rigurosa.” (p. 35)
  2. Las élites culturales: “Las élites de implantación local y nacional tienden a ser conservadoras (en todo el significado de la palabra) con respecto a las élites de implantación universalista; y éstas, a su vez, tienden a ser meramente miméticas y esquemáticas, con ignorancia de las realidades concretas.”, p. 44
  3. El novelista y su público, y cita a Rubén Darío (Prosas profanas, prólogo), p. 45:
    “La gritería de trescientas ocas no te impedirá, Silvano, tocar tu encantadora flauta, con tal de que tu amigo el ruiseñor esté contento con tu melodía. Cuando él no esté para escucharte, cierra los ojos y toca para los habitantes de tu reino interior.”
  4. El novelista y la literatura nacional: “El novelista existe dentro de la literatura;”
  5. El novelista y la lengua: “toda obra se elabora en el cauce viviente del idioma”, p 56
  6. Maestros literarios: “Un escritor vive dentro de la corriente mayor de la cultura literaria, en ella se forma o se deforma, en ella, contra ella, por ella se va creando a la vez que crea la corriente que lo lleva. El arte no sale de la nada: sale de otro arte.” Pp. 66-67.
  7. La novela, género objetivo: “Apropiarse del mundo es apropiarse de la realidad, pero es, más que nada, descubrirla.”, p. 79.
  8. Las filosofías en la novela: “¿cuál es la filosofía que corresponde a la creación estética?; o también, ¿una novela debe tener una filosofía sustentadora?” p. 80.
  9. La novela, género burgués “La novela -el uso de la prosa para desarrollar fabulaciones, reales o ficticias- ha seguido en la historia el mismo proceso de la burguesía: aparece con ella y con ella alcanza su esplendor.”, p. 87
  10. Un don creador: “La literatura restablecería un equilibrio entre hombre y mundo, aunque siga sin explicarse precisamente por qué el equilibrio se cumple por la palabra, les mots sartrianos.”, p. 96

Cita a Faulkner en sus palabras a los cadetes de West Point:

‘Todo escritor digno de tal nombre desea condensar la suma de toda su experiencia, de todo lo que hay de apasionante y hermoso en el hecho de estar vivo, en algo que permanezca detrás de él. Si es un poeta de primera clase, tardará en hacerlo en cuatro versos. Si no es de primera clase tratará de hacerlo en diez páginas y tendréis un autor de cuentos. Si es incapaz de escribir cuentos se condenará a las fatidísimas ochenta mil palabras y se transformará en un novelista de la tercera zona.’

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