Memoria 151
16.07.2026 Cultura. Dostoievski. En una carta a uno de los responsables de la edición de Los hermanos Karamázov (no sabemos si editor, corrector, censor, no es claro), en mayo de 1879, Dostoievski, en esta novela que iba publicando por entregas, argumenta el por qué de su violento ataque a cierta clase de juventud que retrata en su libro a través de uno de sus protagonistas, Iván Karamázov:
Carecemos de cultura (que existe en cualquier otro lugar), mi estimado Konstantin Petrovich, y carecemos de ella por causa del nihilista Pedro el Grande. Fue arrancada de raíz. Y como no sólo de pan vive el hombre, nuestra pobre persona sin cultura no puede dejar de inventar algo enteramente fantástico y absurdo, como no sea algo que ya ha visto antes (porque aunque lo haya tomado todo íntegro, del socialismo europeo, lo ha retocado de tal manera que no se parece a nada visto antes).
¿Hoy, nosotros en Colombia, carecemos de cultura? El reproche de Dostoievski a Pedro el Grande como el destructor de la cultura rusa, v. gr., las tradiciones nacionales, el ideal cristiano de la moralidad pública, el europeísmo u occidentalización, la modernización del Estado y el cambio de las costumbres, incluso en la mesa (no sacarse la comida de entre los dientes con la punta del cuchillo o con la uña, llevar la barba larga), la lectura al año de al menos un libro entre los nobles o boyardos y la instrucción pública, aspectos estos últimos que Dostoievski pasa por alto. A mi modo de ver, Fiodor carece de perspectiva histórica, pero este no es el punto. Es innegable que Pedro el Grande modernizó Rusia y Dostoievski, a su pesar, se benefició de ello. ¿O es que viajar en tren de San Petersburgo al balneario alemán de Bad Ems en busca de ayuda médica, por ejemplo, no era mejor para su salud, tiempo y comodidad que haberlo hecho en una carreta jalada por animales? En una carreta semejante, el trayecto (más de 2.300 kms), ¿cuánto tiempo, dinero y esfuerzos no le habrían costado? Y, lo más importante, el costo para su salud y el tiempo, pues el viaje forzosamente tendría que durar más tiempo, que estaría lejos de su amada Ana y adorados hijos, sin contar todo tipo de peligros. Además, Dostoievski, ¿no debería agradecerle a Pedro al simplificación del alfabeto cirílico y la implantación de los colegios y de la imprenta misma?
Pregunto de nuevo: en Colombia, ¿carecemos de cultura? En este mismo instante, por ejemplo, 10.50 am, por fin los pitos y cláxones de los camiones se acaban de silenciar. Literalmente, me tenían sordo y exasperado, pues no sé cuántos camiones, parecían ser más de 1000, ni en dónde, en todo caso en una avenida amplia y lejana, la Regional, supongo, o por los lados de la Mayorista. Esos salvajes se pegaron a pitos y cláxones desde las 10.20 am. Es decir, durante media hora se hicieron sentir, creo, en toda la ciudad y más allá, cosa que me pareció completamente exagerada: la celebración del día de la virgen del Carmen, su patrona. El ruido fue horrible, es la segunda vez que sucede desde que vivimos aquí, y sólo deseé que, quienes hacían semejante ruido quedasen sordos y que se les hinchara el cerebro como a mí, que acabé con dolor de cabeza. No imagino una ‘celebración’ de esta naturaleza en Lausanne, Madrid, París o Christchurch u otra ciudad del primer mundo, pues en esos países, aparte de que los camiones grandes de carga simplemente no entran atraviesan la ciudad, su cultura es otra, a pesar del catolicismo regional, por ejemplo. El accionar de pitos y cláxones no es nada distinto al comportamiento del campesinado inculto que era capaz de incendiar ciudades, como ocurría en Rusia antes de Pedro el grande.
Obviamente, el que celebra lo hace con lo que tiene más fácil a la mano: su instrumento de trabajo, y quiere hacerse oír. Quiere gritar al universo su fe irrestricta, incondicional, rabiosa, fanática. Pero, pulsar durante media hora un dispositivo o dispositivos ensordecedores, es hacerse oír de otra manera: aquella que impone por la fuerza unos términos agresivos. Si hablarle a otra persona es un acto agresivo, según nos dice Lévinas, qué decir de alzar la voz, de gritar, y qué de hacer un ruido terrible, invasivo y ensordecedor que invade de manera ultraviolenta los espacios íntimos y sociales, ya de por sí invadidos, como lo señaló Kafka (el primero en hacerlo) en muchos de sus trabajos, por la política y la vida en sociedad.
¿Estos camioneros y buseteros carecen de cultura? Por supuesto. No hay duda de que no sólo obstaculizaron el tráfico durante más de 50 min. afectado la libre circulación a la que todos tenemos derecho (no imagino el infierno para los que estaban cerca), sino que debieron afectar a personas sensibles al ruido, a personas mayores, enfermas, las clases en los colegios aledaños y a los animales, que son muy sensibles a los sonidos estridentes. Aquí, nada más, las aves desaparecieron; pobres. Pero no sólo afectaron a terceros, también se afectaron a sí mismos: quienes pulsaron aquellos dispositivos, posiblemente en éxtasis religioso o riéndose de los no creyentes en esa virgen, dañaron sus oídos y su cuerpo, pues el cuerpo también es sensible al ruido extremo y, obviamente, a las vibraciones que producen los ruidos. Y por supuesto, al hacer tal ruido, están demostrando que nadie se ha preocupado en absoluto por educar a los conductores de camión y bus que, entre otras cosas, manejan esas máquinas no siempre siguiendo las reglas de tránsito y cívicas, de manera responsable.
¿Y por qué estas personas que ayudan a sustentar la vida cotidiana (abastos, transporte intermunicipal) no han sido educadas? ¿Le echamos la culpa a la administración pública o a quién? Obviamente le echamos la culpa a la administración pública que, 1, tiene que sacar de la ciudad la industria instalada y crear parques logísticos afuera, 2, tiene que educar a los conductores para que cuando quieran celebrar o protestar, no lo hagan imponiendo su fuerza y sus lógicas, 3, si bien es verdad que ser conductor de camión, a pesar de que se arriesga la vida durante los desplazamientos y supuestamente la virgen del Carmen los protege, también lo es que la educación ayuda y muchísimo, en todo sentido, a minimizar los riesgos, v.gr. la salud en general, 4, así como ellos, lo demás tenemos derechos que no tienen por qué ser ignorados, pisoteados o alienados, 5, así persista el odio de clase, pues existe de manera sumisa y soterrada de lado y lado, es culpa de la administración pública no imponer límites a lo que el ciudadano puede hacer o no, lo que nos conduce a lo que ya hace más de 100 años señalaran tanto Durkheim como Freud: vivir en sociedad significa renunciar a los deseos profundos (pulsiones, creencias) y aceptar las reglas del ser social, reglas que, en últimas, en su concepción más simple, son la cultura. Pues la cultura social no es sólo lo que compete a las artes especializadas, sino a nuestro ser y vivir en sociedad.
Me parece mucho que, hoy en día, como se dice, no sería muy bien visto en un restaurante de plaza de mercado que uno se sacara la comida de entre los dientes con la punta del cuchillo, para eso se inventaron los palillos, que si bien tampoco son recomendables, al menos son más discretos.
En el otro extremo también están los que hacen piques y les quitaron el silenciador a los exhostos de los motores de carritos y motos. Estos, igual de salvajes e incultos, se desplazan por la ciudad haciendo un ruido infernal. En la avenida Regional y otras avenidas, como las Vegas y las Palmas, hacen piques, o sea, carreras a toda velocidad en motocicletas o carritos de alta gama o modificados, y retumban en todas partes, sobre todo en la madrugada. ¿Son incultos, además de estúpidos estos personajes que pagan mucho dinero por una máquina para, también, arriesgar la vida y dañarse a sí mismos? Por su puesto, y son peores. Pues se supone que tienen más educación que un conductor de camión. Están más abajo de su nivel cultural, pues, supuestamente, ‘saben lo que hacen’. ¿Lo saben o son unos pobres ignaros incapaces de ver más allá de sus narices?
Y sí, carecemos de cultura, como decía Dostoievski a propósito de su cultura. No imagino a Dostoievski viviendo en tiempos anteriores a Pedro el grande. Simplemente, no habría sido posible el nacimiento de semejante escritor, pues quiéralo o no, sí fue el gran reformador.