La superficie del día. Capítulo 12

“Si ella, Griselda, fuera rica, ¿sería tan quisquillosa como la señora? ¿Con el tiempo se volvería así? No lo cree. Ella no es blanca como la señora ni tiene los ojos claros ni la educación de ella, como tampoco la cuna de ella, eso se ve a leguas.”
Germán Gaviria Álvarez

Autor: Germán Gaviria Álvarez
Editorial: Seix Barral
País: Colombia
Año: 2021 
Idioma: Español
Género: Ficción
Subgénero 1: Novela
Subgénero 1: Novela colombiana siglo xxi
Subgénero 3: novela realista | novela basada en hechos reales | relato de la sirvienta | tema del doble | doppelganger | novela especular | reflejo de sí mismo | 1980 Bogotá | novela de trasunto histórico | microhistoria
Temas: El doble | vida de una sirvienta | la doble vida de una mujer de clase media | la soledad de ambas mujeres | la vida cotidiana en 1980 en Bogotá | la guerra de clases sociales | dos mujeres opuestas

Ideas generadoras de la novela: Esta obra fue pensada desde el principio como una novela corta. La vida de una empleada del servicio que trabajó en mi casa 2006-2014. La relectura de El doble de Dostoievski. La relectura de los primeros textos de Kafka. La vida real de una mujer de Neira, Caldas, de familia rica pero que huye a Bogotá con un arriero analfabeto: mi madre y mi padre. La vida ficcional de ella bibliotecaria, que es mi propia vida como bibliotecario durante 6 años de mi vida. La vida ficcional de una mujer de clase media bogotana que acude con alguna frecuencia, desde mediados de los años cincuenta hasta 1980, a un prostíbulo masculino y, sin embargo, es fiel a un solo hombre en su vida. La idea de escribir un relato espejo. El problema del doble.

Palabras clave: novela corta | el relato de la sirvienta | Bogotá 1980 | novela especular | doppelganger | microhistoria

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12

Su hermana odia a las vecinas, su madre odia a las vecinas, Griselda no. Las consideran chismosas, mentirosas, metecuentos, mujeres sin oficio ni fundamento. Su hermana y su madre prefieren estar encerradas dentro de la casa y conversar entre ellas. Tampoco esperan ya que ningún pariente las visite, no regresaron desde la muerte del padre de Griselda, las dos se las arreglan solas. Su hermana no tiene dinero para comprar ropa nueva, pero es dos o tres tallas menos que la señora, está raquítica. En todo caso, ella ni su madre salen, las fuerzas no les alcanzan siquiera para ir los domingos a la iglesia; de hecho, escuchan la misa en su radio de la mesita de noche, lo cual es un alivio para Griselda. Cada tarde, además, escuchan una emisora mariana, rezan, comentan pasajes de la Biblia. Ella, por desgracia, porque sin querer retiene líquidos, se lo han dicho las vecinas quizá por envidia, no cabría en ninguna de esas prendas que saca la señora y tanto le gustan. Quisiera imitar la dieta de la señora, de quien admira su elegancia y su porte, pero no está hecha para ajustarse a ningún régimen de esa naturaleza, cuyo único alimento agradable tal vez sea la mermelada de naranja, que no ha probado, y de hacerlo, está segura, la señora se daría cuenta de ello. No sueña que lo hará algún día, sería mancillarla, meter la cuchara donde no debe y abrir la puerta a lo indebido. Deplora que la ropa que señora saca para botar no acabe en sus manos, quizá podría venderla como de segunda en el barrio para ayudarse, pero no ha tenido la fuerza suficiente para pedirla, así como ese calzado de la señora, calcula lo que vale aun pasando por usado. La señora no es tacaña, es amable, es rigurosa y ordenada, no le negaría ese regalo que tanto necesita. Puede afirmar que esa ropa tan buena y esos zapatos (estuvo enamorada de unas botas color miel) van a la basura, jamás ha visto que la acumule en el cuarto de plancha por más de una semana en bolsas cerradas. Sabe que la señora periódicamente renueva su clóset, sus zapatos cada ocho meses, conoce cada prenda, incluso la ropa íntima de la señora, toda blanca, de la que con celo la señora se ocupa, pues no permite que Griselda la toque, ha de ir asimismo a la basura. A la basura, muchos ricos sólo saben arrojar lo que ya no quieren a la basura. La señora también se deshace de las fundas y de las sábanas blancas de su cama cada año, cuando aún están en muy buen estado. Durante la faena de plancha, Griselda suele palpar y resobar la calidad de las telas, mientras toma nota de las recomendaciones de la señora sobre cómo debe tratarlas.   

Envidia que haya cambiado el colchón tres veces en los últimos diez años. 

Aunque se muere de ganas de pedirle a la señora toda la ropa, de uso personal y de cama que la señora ya no usa, en todo el tiempo que lleva con ella, no se ha atrevido a pedir nada, y no lo ha hecho simplemente por dignidad. Si algo tiene Griselda es que no pide, jamás se atrevería a pedir (preferiría prostituirme, dijo un día a su madre y hermana, terriblemente escandalizadas por sus palabras cuando estuvo desempleada y hervían el mismo poso de café cuatro o cinco veces, y lo dijo porque venía de la tienda en donde fiaban, pero ya el dueño de la tienda no le quiso fiar más, sólo si dejaba que metiera su mano debajo de la falda o si al menos se dejaba coger los pechos, aunque esto último no se los dijo). Aún estaba joven, ¿qué habría pasado de haberlo permitido, sólo por necesidad? Sería una desgracia, no la respetarían, no sería la mujer que hoy es. Su forma de ser se acentuó cuando entró a trabajar con la señora. Está segura de que, en una circunstancia análoga, la señora actuaría del mismo modo, sin agachar la cabeza, sin pedir siquiera un vaso de agua, sin rebajarse a nada. Griselda está segurísima de que la señora preferiría morir a humillarse, en eso podría decir que se parecen, que son iguales. No pedir nada a nadie para que nadie le eche nada en cara, es una lección que ha aprendido. Aunque también aprendió otra lección de su madre: no dejarse de los hombres, sí, pero Griselda no haría jamás lo que ella hizo. Quizá, si le pide a la señora aquello que preferiría arrojar a la basura, puede ser algo que juegue en contra: la señora la vería como a una persona indigna de heredar esta casa, de tener buen juicio, de hacer lo que no debe con ella.

Final del capítulo 12

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