Memoria 126

Memoria 126

 

 

26.02.2026 Otro día perdido. La novelita de Padura. Aunque empecé el día más o menos bien y logré trabajar algo más de 1 h, no logré mucho, mejor, nada. Estuve sentado durante algunas horas, y sólo pude leer pocas páginas de la biografía de Dostoievski. Demasiadas interrupciones, demasiado ruido. Pero también falta de concentración y energía, tenía el cerebro hecho pura gelatina. Puedo echarle la culpa al ruido y al clima, pero había algo más: abulia. Todo lo que hacía, incluso leer, me parecía soso, sin sustancia verdadera. Como cosa rara, hubo un par de tensiones domésticas con mi mujer, para rematar el cuadro. En unos minutos (ya son las 7 pm) me iré a ver la caja tonta, y luego me pondré a leer esa novelita de Padura, de la que me he venido saltando páginas por predecibles, caricaturescas, aburridas y de un prosa andrajosa, muy propia de ahora: carente de sustancia y de un verdadero estilo. Para ser considerado el escritor vivo más importante de Cuba, no aporta ni un 1% de lo de un Martí, un Carpentier, un Cabrera Infante, un S. Sarduy o un Lezama Lima. No la he mandado a la mierda –es donde debería estar–, porque debo tener argumentos para cuando mi mujer la lea. A lo mejor, de la página 93 en adelante se convierte en una verdadera novela, no en ‘un bodrio detestable’, según palabras, ahora premonitorias para su obra (de Padura), que encontré en alguna página de esta novela. La razón de que siga leyéndola es doble: mi mujer la compró para mí, pues estuvo en el lanzamiento y vino Padura, quien la autografió para mí, y porque siento curiosidad por si me dice algo que no sepa de la vida cotidiana de la Cuba de hoy. En todo caso algo distinto a la eterna quejadera de la hiper corrupción gubernamental, que no hay comida ni electricidad, agua ni servicios médicos, y los culpables de su miseria es el malhadado cerco por más de medio siglo del odiado Imperio, etcétera. Para saber eso, basta leer algunos periódicos. Quiero algo verdaderamente de fondo: la visión del ‘gran novelista’, la de aquel que ve y conoce a fondo la mentalidad del cubano de su generación, en fin, aunque sea eso, que es lo básico. Pero lo dudo. Lo que mal empieza, mal acaba. 

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