Memoria 76
27.09. 2024 Desde hace tiempo no llevo esta Memoria. Probablemente ha sido, no sólo porque ya escribí la novela que se resistía a que yo la escribiera, Todo se destruye, y con semejante título, en el que estaba empecinado, hasta mi habilidad de escritor estaba destruida, o erosionada, no sé. Tal vez fue −al no seguir escribiendo esta Memoria, y no sólo encontré un título mejor Vida de Helda H. y pude poner punto final después de casi dos años de batallar−, o porque simplemente se agotaron mis fuerzas y entré en un periodo de agotamiento mental. Algunas cosas, que pueden ser muchas o pocas, según se mire, habían sucedido desde que ‘terminé’ mi novela hacia mediados de marzo último…
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Esta mañana durante el desayuno me quedé mirando tres portavasos con cuadros de Botero. Los he visto muchas veces desde que estamos en este nuevo apartamento, con mobiliario completo porque vendimos o regalamos o botamos el que fuera de mi mujer y mío. Aquí sólo trajimos ropa y algunos de mis libros, pues me deshice del 95% de mi biblioteca, y ahora está, con muebles y todo, en manos de mi hermana menor que vive en Bogotá. El tema de los cuadros de Botero es la música. Botero es un pintor que admiro y sus cuadros, casi todos, son maravillosos. Ver a esos músicos que celebran la vida, una vida que está detenida y el espectador pone en movimiento perpetuo y contemplativo, fue como si hubiera nacido un nuevo hálito dentro de mí y sentí inmensos deseos de escribir esta memoria. Los volúmenes que maneja Botero sólo pueden ser posibles si y sólo sí hay un dominio absoluto del espacio pictórico. ¿Cómo lo logra? Sólo un pintor que, como dije, domina el espacio pictórico, así como las paletas cromáticas, el sentido de la ironía y el valor de la música, contando también con un sentido profundamente nacional fusionado a su vez con lo europeo, es capaz de logar semejante equilibrio y transmitir identidad nacional. ¿Cómo no admirar a ese hombre que fue capaz de admitir la bota española en América y en Colombia en especial, utilizar su lenguaje y sus símbolos, sus desarrollos culturales y políticos, y usar todo eso como arma para burlarse, cuestionarlos, ridiculizarlos y ponerlos en segundo plano vital frente al primer plano pletórico de vida y celebración que es esto, América? Hasta el momento, es el único artista lo bastante sagaz, inteligente y talentoso que en nuestro país lo ha hecho.
Como no pude resistir las ganas, busqué el cuadro en internet. Se titula Músicos, 2008. Creo que debo escribir algo sobre Botero, pues me hizo sentir deseos renovados de volver a la Memoria, y porque lo asocié de inmediato con varios aspectos del contenido de mi ensayo ‘La vorágine, el crimen perpetuo, una novela inacabada’. Debo en este momento, volver sobre ese ensayo. Estoy colgado, y estoy colgado con lo de la entrega del 30 de septiembre.
A trabajar.