Memoria 117
07.01.2026. De la biografía. Dostoievski. Joseph Frank. Pensar un proyecto literario. La navidad pasada mi mujer me regaló el iv y último tomo de la biografía de Dostoievski, que corresponde a los años 1871-1881, y se titula El manto del profeta, del académico de Stanford y Harvard, Joseph Frank. El primer tomo fue publicado 1976 y el último en 2002, aunque Frank había comenzado a estudiar a Dostoievski durante la década de 1950 y publicado algunos artículos. Libros todos editados originalmente por Pinceton University Press, y traducidos al español en 1984, y años siguientes, a medida que los volúmenes aparecían (5 tomos en inglés, 4 en español). Este iv tomo (944 p.) fue traducido y publicado en español por el FCE en 2010. Hay que agregar que hasta el final de su vida (1928 – 2013), Frank, un verdadero erudito, no dejó de estudiar, de dar conferencias y hablar de Dostoievski.
No sobra decir que, apenas tuve el libro en las manos, me sentí muy, muy emocionado. Mi mujer, desde que la conocí, siempre ha estado a la zaga de encontrar libros y otros materiales para mí, y siempre da en el clavo.
Creo que yo venía buscando este iv tomo desde 2019, cuando todavía enseñaba en la universidad y estaba terminando de leer el iii tomo, y no lo había encontrado o se me salía del presupuesto. También era que estaba con demasiado trabajo y, cuando en alguna Feria del libro Bogotá lo tuve en mis manos y vi el mamotreto que era, me di cuenta de que necesitaba tiempo para leerlo. Lo primero que tengo que decir es que no sólo, para mi gusto, este trabajo de Frank es un regalo maravilloso y deslumbrante, sino que siento auténtica envidia por poder dedicar unos 50 años al desarrollo de un proyecto de semejante magnitud. Aunque pensaba terminar las lecturas que tengo en marcha para leer este libro, no pude resistirme y arranqué antes de lo esperado.
En cierto sentido, el texto de Coetzee sobre este trabajo de J. Frank, publicado en Costas extrañas (2010), dejando de lado la escuelera, innecesaria y petulante síntesis que hace de la biografía de Dostoievski –extraída del trabajo de Frank, por cierto–, es un llamado de atención para leer con mayor cuidado esta biografía, pero sin dejar que el juicio en tono de reproche de Coetzee agüe la fiesta. Más que una biografía para el gran público, el trabajo de Frank es decididamente para escritores profesionales y académicos de nivel superior. En su ensayo, Coetzee enumera inconformidades sobre el trabajo de Frank, inconformidades que yo disculpo porque ningún libro es perfecto y es completamente natural que las haya al abordar un tema de tal envergadura a lo largo de unos 50 años; además, ningún escritor serio es monolítico y sus posturas evolucionan, lo que es natural, no entiendo por qué en eso prima el misterio idiota de los academicistas de estirpe católica que creen que lo escrito, escrito está. El caso es que no deja de haber un falsete de superioridad de John Coetzee sobre Frank, cosa que me parece provinciana e injusta. Que yo sepa, Coetzee jamás ha escrito la biografía de nadie, ¿o sí? Aunque claro, sí ha escrito autobiografía novelada (Infancia, Juventud, Verano, Diario de un mal año, y biografía: la trilogía sobre la vida de Jesús…, y no sé si más, esa trilogía me quitó las ganas de seguirlo leyendo, lo he dejado) y ensayos competentes sobre la biografía y la autobiografía, pero me parece que eso no lo autoriza.
Escribir una novela sobre uno mismo es un trabajo absolutamente diferente a escribir una biografía o teorizar sobre biográfico o lo autobiográfico. Puede que escribir una autobiografía tenga semejanzas técnicas con escribir una biografía o una biografía novelada. S. Zeiwg era buen prosista, pero un biógrafo tan anodino como deleznable, creía de manera tonta e ingenua que tocaba novelar una biografía para hacerla accesible al ‘gran público’ En literatura sucede lo mismo que en cualquier oficio: para poder opinar sobre algo, hay que trabajar a fondo en ese algo. Como señala Kafka en sus Diarios, para poder opinar sobre lo que es un diario, hay que llevar un diario, para opinar sobre lo que es ficción o no ficción, hay que escribir ficción o no ficción, y para estar autorizado a opinar sobre una biografía, hay que meterse en el problema de escribir una. Etcétera.
Pero bueno, dejemos tranquilo a Coetzee.
En lo personal, pienso que todo escritor que desee avanzar en su escritura y en sus técnicas de composición literarias, está obligado a leer el trabajo de Frank. Y a lo mejor no sólo para aprender, sino porque la vida misma de Dostoievski es tan apasionante y conmovedora que uno ve al hombre, al hermano, al padre, al amante, al hombre fracasado y pésimo para los negocios, y, sin embargo, completamente decidido a llevar a cabo una empresa literaria a gran escala, enorme, monumental, no solamente ficcional. Dostoievski nunca pensó escribir novelas para ser famoso, sino para vivir él y los suyos más cómoda económicamente. Literariamente, tenía un proyecto de grandes proporciones en el que pondría por escrito la esencia del pueblo ruso, sus valores morales y religiosos, su modo de ser y su destino. La vida y el modo de trabajar de Dostoievski es tremendamente inspiradora. Yo, ¿cómo no sentirme entusiasmado e inspirado para dar más de mí si tengo mejores condiciones domésticas y físicas que él?
Quizá sea ese modo de pensar –de manera profunda y realmente en grande– lo que nos ha impedido a los escritores colombianos hacer una literatura no de novelas aisladas, al gusto del mercado o al vaivén de las modas literarias, sino de obras grandes que señalen un rumbo para toda una nación. En Tientos y diferencias Carpentier afirma que no porque haya algunas novelas en un país, significa que en tal país exista una literatura.
Hasta ahora he leído la “Introducción” del libro del Frank y es como si retomara la lectura de años atrás. Dostoievski se hace presente, y me mira.