Memoria 134

Memoria 134

 

 

25.03.2026 The return. Anoche mi mujer y yo fuimos a ver esta de película, que llegó a Colombia con el título de Odiseo: el regreso (2024), de Uberto Pasolini. La verdad, no tenía muchos deseos de verla, pero finalmente accedí porque en aquel centro comercial haríamos otras cosas, y bueno, porque el director es italiano y me gustan mucho los directores italianos, además de la actuación de R. Fiennes. Nada más empezar con aquella toma del mar turbulento, poderoso y primigenio, quedé atrapado, mar que poco se convierte en el telar en el que Penélope teje su destino, el de su familia, el de su pueblo y el de los pretendientes, por supuesto. El destino de Odiseo ya está sellado, como se dice. 

Que un director use de manera libre el mito de un libro antiguo para hablar de los problemas contemporáneos es muy cuestionable; es demasiado fácil hablar de eso utilizando un conflicto moderno, con un lenguaje moderno y con mitos modernos que se ajustan mejor a las problemáticas modernas. Si bien la actuación de Fiennes es magnífica y la de la Binoche sobresaliente (bastante estándar, más bien), la película cae en el problema contemporáneo del por qué la guerra, por qué matar y arrasar pueblos, deviniendo en una película que no pregunta por el por qué de la guerra, sino por su contenido moral. 

Es claro que al hacer esto Pasolini ha creado un pequeño Frankenstein y uno se pregunta: ¿por qué? No es equiparable el por qué del mito de la guerra de Troya y el por qué de las guerras contemporáneas. No sólo es un asunto complicado de contexto histórico según el cual la guerra de hace más de 3.000 años NO es la misma de ahora. Debemos recordar que el motivo de la guerra o casus belli fue la fuga el o rapto de una mujer, Helena de Esparta por Paris, príncipe de Troya, lo que provocó una expedición de recuperación de la mujer, y de castigo a Paris, no exactamente arrasar Troya, que fue lo que ocurrió al final. Esto no está en la película, antes de tal expedición, Odiseo y Menelao fueron como embajadores a negociar la devolución de Helena, pero los troyanos se negaron (o Helena estaba muy contenta en la casa de Príamo) e incluso intentaron matarlos.

¿Qué decir de la película, bien actuada y bien filmada, con bonita fotografía, diálogos más o menos bien hechos, mal narrada con su ritmo exasperante y ninguna riqueza escénica, que es más bien andrajosa, y con un trasfondo moralizante que ya hemos visto en miles de películas de Hollywood? No lo sé. Es probable que Pasolini sólo tuviera presupuesto para pagar la actuación de la Binoche y de Fiennes y no le quedó mucho para mejorar la producción y se decantó por un guion de bajo presupuesto. Un guion que confunde la naturaleza de un mito (nunca se ha demostrado de manera fehaciente que tal guerra hubiese tenido lugar) con el problema real de una guerra contemporánea. Además hay un serio problema de conocimiento de la materia narrativa: el mito, por su naturaleza, no se resuelve en ningún terreno de las narrativas contemporáneas (lo didáctico, la moral, la ética, lo justo o lo injusto, lo bueno y lo malo, el amor o el desamor, etcétera): simplemente no se resuelve y siempre está sujeto a interpretación. De ahí su inmensa riqueza.

Ni en Ilíada ni en Odisea se cuestiona la razón de ser de ninguna guerra ni si su origen es bueno o es malo: es. Y no se pueden equiparar simplemente porque el guerrero que pudo existir hace 3.000 años no es el mismo de ahora y matar al otro tenía otro significado: antes que ser motivo de conflicto moral, era un mito de índole religioso atado al pensamiento atávico y politeísta, por demás.

Eso sin contar que TODOS los héroes homéricos llevan una vida sin examen de consciencia, que el caso de este Odiseo de película, y por hacer esta película ignorante y complaciente, se echa a la basura la riqueza que es llevar, en el belicoso mundo contemporáneo, una vida sin examen de consciencia. ¡Ah! Qué gran tema.

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